CEAD#15: Celebrar un Carnaval Improvisado (o cómo ir disfrazado a clase tú solo)

Once upon a time, at the Albion School...


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-NICK: So, next tuesday is Carnival, but we usually have classes for adult groups even on Carnival, since it is not holiday. Unless you don't want to come, of course...
-ME: No, it's all right, we'll come. But... can we come dressed up?
-NICK: Of course! I will be dressed up myself!

Cinco días después...

-ME: I feel bitterly disappointed!
-NICK: Ha, ha, ha! Why?
-ME: You're not wearing a fancy-dress!
-NICK: Did I say I would?
-ME: Yes, you did!
-NICK: Well, if I did, then I was lying... I was lying through my teeth!
-ME: Awwww......

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Carnaval Improvisado


Bueno, supongo que podéis imaginaros el contexto. El que no esté muy puesto en inglés, pues que tire de BabelFish, por ejemplo.

El caso es que es Carnaval, la mejor fiesta del año (¿Nochevieja? Naaaa.....). Y aunque, como podéis ver, para ir a clase de inglés sólo tuve 10 minutos para preparar mi disfraz improvisado de Harry Potter, para este sábado tengo reservado algo mucho mejor :).

Así que os dejo con las imágenes mientras llega el sábado y no:





Un saludo,
Adán.

Post-Data


PD: Sí, sí... mucho tiempo sin actualizar, esto y lo otro, excusas, muy liado, un león se comió mis pantalones, etcétera, etcétera. Si todo va bien, escribiré contando en qué he andado ocupado estos días (lo cual incluye asimismo el porqué de mi vuelta a la Albion School).

PPD: Vale, acabo de probar el BabelFish para ver qué salía al traducir la entrada. No lo uséis si lo que queréis es enteraros de qué va. Ahora bien, para echaros unas risas... adelante.

2010: No pensar


No pensar. Ahora mismo estoy recordando la escena de "El Último Samurai" en el que el hijo de Matsumoto insiste a Algren en que para pelear, debe dejar de pensar. Pensar gente, pensar espada, pensar enemigo... demasiado pensar. No pensar.

Y en cierta forma, hoy uno de enero me siento un poco así. Podría hacer un resumen de lo que fue el 2009 (post tópico... de blog tópico), o de mis esperanzas para el 2010. Pero no me apetece en absoluto.

No me malinterpretéis. No es que este año haya tenido malas experiencias, o que ahora esté deprimido o desganado. Simplemente no me apetece pensar. Lo cual, en mí, es bueno, ya que dedico gran parte de mi tiempo a pensar en todo lo que hago y siento, hasta el punto de convertir el auto-análisis en un hábito adquirido convulsivo y cuasi-patológico.

No pensar.

Está bien, es cierto que no puedo dejar de aprovechar este hito interanual (¿podríamos acordar que existe un instante entre el fin de la nochevieja y el principio de año nuevo, que no pertenece a ningún año?) para reflexionar un poco sobre mí. Lo que he sido, soy, quiero ser... puedo ser... voy a ser.

Pero el caso es que una vez llegados a este punto me doy cuenta de que lo que quiero ahora mismo es ser una persona que piensa un poco menos y vive un poco más. E insisto en que no es ningún tipo de reflexión en plan "pienso demasiado", simplemente responde a lo que me apetece en este instante. Fuera es de noche, y me apetece dar una vuelta. Voy a abrir la ventana para que refresque un poco.

Mmm... mejor. Mi escritorio está frente a un ventanal, y desde mi ventana se ve el parque y más allá el monte. Me basta abrir la ventana para sentirme un poco al aire libre, y dejar entrar un poco de naturaleza en mi habitación.

Ahora me acuerdo de la película "I heart huckabees", por aquello de dejar la mente en blanco. Muy zen. Lo cual me recuerda otros planes para el 2010... pero no es el momento de hablar de ellos.

Así que sin más, recomiendo al lector que tome una hojita cuadriculada, y escriba un justificante firmado por el mísmo en el cual se exime de pensar durante un periodo de tiempo no menor que un rato. En este fenómeno de arrastre de la Navidad, en la que todos hacen recuento del año y propósitos para el siguiente, mi propuesta para el lector es que se niegue a pensar. No pensar. Desconectemos. No os preocupéis, que ya se encargará alguien de avisarnos para volver a conectar.

Un saludo, viajeros,
Adán.

En la boca de la madriguera del conejo blanco

¡Hola, viajeros!

De forma reciente y repentina, una serie de acontecimientos inusuales han, en cierto modo y sin que pueda aún prever sus consecuencias, chocado contra la rutina clásica de mi vida. Y todo empezó con el teatro...



Puede que algunos ya sepáis del curso de extensión universitaria que he hecho recientemente, sobre teatro e inteligencia emocional. ¿Aprendí mucho teatro? Puede que no demasiado. ¿Mucha inteligencia emocional? Diría que ninguna, ya que gracias a MarCha ya tenía algún conocimiento al respecto. Pero lo que sí fue el curso, fue una puerta. Una entrada a una serie de aventuras, de las que aún conozco tan solo el principio.

Ahora, por ejemplo, estoy escribiendo esto con unas gafas puestas. ¿Por qué? Buena pregunta.

El ambiente del curso de teatro fue bueno. Muy bueno. Y me sirvió para recordarme que existe un mundo mucho más grande de lo que pueda imaginar, que existen mil puertas ahí fuera esperando a que las abra. Y sirvió para recordarme cuánto me gusta abrir puertas.

La primera de esas puertas fue la obra de teatro "Mentiras y otras verdades", que representamos el pasado viernes 11 en el auditorio. Está grabada y se va a proyectar en el Milán, así que espero poder dar aviso del evento para que asistan a la proyección todas aquéllas personas (amigos, familiares y otros interesados) que no pudieron asistir entonces. El estreno fue uno de los actos que formaron parte de Alderique, el encuentro de asociaciones juveniles del Conceyu de la Mocedá d'Uviéu.

La gente del CMU tuvieron la amabilidad de invitarnos al día siguiente (id est, ayer) a los que habíamos tomado parte en Alderique a una espicha en el restaurante ecológico El Arbola. Como primera coincidencia (y empiece de la serendipia general) ayer era el último día que abría sus puertas al público, tristemente. Teniendo nosotros reservado el restaurante, además no abría para el público en general (es un sitio no muy grande y contábamos con ser muchos), así que cuando se presentó una pareja de leoneses que habían venido a cenar fueron invitados a unirse a nosotros tan alegremente.

El clima durante la cena fue genial. Un rollo un poco "hippy", la verdad, con el que no es que yo tenga mucho que ver pero que disfruté compartiendo. La gente del Conceyu estaban metidos en mil cosas, y me daba la sensación de haber mucha actividad bullendo detrás de todas aquellas personas. Lisi, organizadora del evento, Ula, que vino de Polonia con un proyecto de voluntariado europeo, David e Isa de Teatro por Teatro (¡hey, con ellos iba Antón!), Manolo, de la Asociación Gitana Unga, y muchos más con los que no me paré a hablar. Gente vegetariana, gente voluntaria, gente vital (muchas uves) en general...

Segunda casualidad: Los leoneses se habían encontrado aquí en Oviedo a unos músicos conocidos (de León), y les dijeron que tocaban a las 12 en el Swing. Y, cómo no, ¡nos apuntamos para allá! Así que de repente me vi tomando un gin-tonic en el Swing (local donde perdí y recuperé mi sombrero no ha mucho), con Pascu y Tamara (creo que así se llamaban los leoneses) y con Ula (la chica polaca). El cabeza del grupo no parecía mucho más joven que mi padre, lo cual puede significar tranquilamente unos 50 años. Me lo pasé muy, muy bien escuchándolos, la verdad es que no soy experto en música y mucho menos en Jazz, pero disfruté la noche.

Después de la primera parte del concierto nos fuimos de allí. Nos despedimos de Pascu y Tamara (¡¡mucha suerte con el futuro bebé!!) y nos encontramos con un amigo de Ula, Iván (¡trabaja en un periódico!). Fuimos al Arde París a tomar algo, donde me encontré con Motta, Hugo y Miguel, que después se marcharon "probablemente al Flamin", y después con Chus, Mery, Chiscu y Bécares, con los que me quedé cuando Ula e Ivan se marcharon.



Me di cuenta de que pasé la noche, en su mayor parte, con gente que no conocía de nada, de ahí el haber utilizado tantos nombres propios cuando no suelo usar ninguno. ¡Y de que me lo pasé bien! De que gané algo siendo abierto sin más. Y la verdad, me alegro mucho del viaje y la experiencia, plagada de casualidades (las contadas y otras).

De ahí el título de "En la boca de la madriguera del conejo blanco". Me siento en la entrada de un mundo nuevo para mí, de viajes y aventuras aún por descubrir. No sé a dónde me llevarán, pero creo que tengo mucho por delante, mucho que ver y mucho que ganar.

Ahora mismo llevo unas gafas sin cristales. Pero ésa, ¡ah!, ésa es otra historia...

Un saludo!
Adán.

21 Soldados

Sean bienvenidos


¡Acérquense! ¡No teman entrar! ¿A qué esperan? ¡Acérquense y contemplen! Niños y mayores, damas y caballeros, viajeros y sedentarios, aristócratas y vagabundos, ¡todos están invitados! ¡No tarden en llegar! ¡No tarden en acudir a la 21 Gala de Cumpleaños de Adán!

El cumpleaños


¡Acabo de cumplir 21 años! Voy a escribirlo con letras, despacito: veintiún años. Mi madre me ha puesto en el desayuno un pastel de chocolate (mmm.... ¡qué rico!) con una vela. La vela es la de mi tarta de mi primer cumpleaños... increíble.



21 Soldados


Tengo 21 soldados. Al principio era un pelotón inocentemente pequeño, pero poco a poco han ido llegando, uno detrás de otro. Cada uno tiene sus medallas. Uno por aprender a andar, otro por caérsele un diente, otro por leer El Hobbit (mi primer libro de Tolkien), otro por un primer beso (¡ésa es una medalla importante!). Claro que también hay medallas al valor por proezas que no tuvieron final feliz, pero son medallas al fin y al cabo, y mis soldados las exhiben con orgullo.

No todos los soldados son iguales, unos son más altos que otros, otros más gordos, quiero pensar que cada vez son, además, más sabios. Pero, ¡ay!, si me faltara uno sólo de mis soldados... ¡no sería lo mismo! No sería yo.



Las caras del soldado 21


Este año ha sido importante. Creo que he hecho cosas importantes. Buenos amigos. Buenas medallas.

El aluvión de felicitaciones ha sido masivo. Cosas de las redes sociales... (tuenti, en este caso). Sé que muchos de los que me han felicitado no lo habrían hecho de no ser por el tuenti. Y no me importa, en realidad.

Pienso que si todas esas personas se han tomado la molestia de dejar una felicitación, más parca o más extensa, más sentida o más formal, es por algo. Al fin y al cabo, cada vez felicito menos por tuenti porque no me gusta, así que no cuento con que nadie se sienta "obligado". Quiero pensar, quiero creer que puedo pensarlo y pienso que de entre todas esas líneas se puede entresacar un sentimiento de aprecio. Que yo suscito ese aprecio en muchas de esas personas. Aprecio en unos casos, cariño en otros... y me ha hecho sentir bien. Valorado. Acogido.

Hay gente tan lejos que me recuerda con al menos un poquito de alegría. Quizá compartimos algún momento, por breve que fuera, significativo. Quizá alguna conversación. Supongo que todos impactamos de alguna forma a aquéllos con los que nos relacionamos.



Y mi recuerdo en este día es para aquéllos que han (habéis) apoyado al soldado número veintiuno. Los que habéis compartido sus días, los buenos momentos y los no tan buenos. Y también los momentos horribles (huy, ¡qué necesarios son esos a veces para aprender!).

Pienso en la gente del verano de MarCha, en los compañeros de siempre del Auseva (A+), en los compañeros más nuevos de informática, en la gente de MarCha de aquí de Oviedo, los compañeros de viajes y cenas japonesas, la gente de karate, en mi familia... en las barbacoas en casa de Charly y los muses en el Cundo, los ¡Por Atlantis! y los ¡Frozen!, los sábados de fiesta y los domingos de lamentaciones, los ¡pierdo! y los ¡yo no juego a eso!, los kiais, los necesito hablar, los ich glaube, los cuando queráis.

Os aseguro que el soldado número 21 os lo agradece y mucho. ¡Gracias!

El soldado número 22


Y hoy me he dado cuenta de que acabo de comenzar a construir la hoja de servicio del soldado número 22. Vein-ti-dós. De mí depende las medallas que vaya a tener este soldado, cuando dentro de un año cierre su expediente. ¡Pero esto es tan difícil!

Tengo la sensación de que es un soldado importante. Por ejemplo, es la primera vez que no tengo ninguna seguridad sobre qué estaré haciendo el próximo curso, o dónde. Hasta ahora tenía bastante claros todos mis pasos... colegio, bachillerato, informática... ¿y ahora? Tenía dudas entre la superior y un máster. Luego con dónde estudiar ese máster. Y ahora se me ocurre que a lo mejor sería buena idea estudiar arte dramático. Lo siento mucho, soldadito 22, pero... ¡te va a tocar lidiar en una batalla nada fácil!


Nos vemos las caras


Así pues, el soldado 21 se retira, y me complace presentar ante todos ustedes, damas y caballeros, al soldado número 22. De sus andanzas y hazañas, caídas y levantandas, podrán tener noticia en esta humilde barraca de feria.

Los 20 han estado llenos de viajes. ¿Qué viajes me esperan en los 21?

Un saludo!
Adán.



PD: Sobre el Proyecto CEAD


La Condesa me había dejado un encargo. Celebrar mi 20 cumpleaños haciendo 20 cosas especialmente absurdas y divertidas. De ahí surgió el Proyecto CEAD. El caso es que sólo he realizado 14. Sólo me faltaban 6...

¿Qué hacer ahora? Oh, tremenda incertidumbre, cruel duda... ¿abandonar el proyecto por haber cumplido los 21! ¡Imposible! ¿Acumular el retraso y proponerme realizar 27 este año, como dijo Ibon? Suena demasiado forzado... Así que he tomado la determinación de terminar el encargo de la Condesa (esto me suena a "Un soneto me manda hacer Violante"). Terminaré las 20 CEAD. ¿Y después? ¿Morirá el Proyecto? No tiene que ser así... pero todo a su tiempo.

PD2:Trivia


La fecha y hora de este post está falseada. Pero coincide con mi exacto cumpleaños :)