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Diez mil tambores roncos




Vengo a verte con la voz
de diez mil tambores roncos.
Vengo y canto una canción,
de hojalata el pecho roto.

Vengo solo, caminando,
no recuerdo desde cuando...
sólo sé que desde un tiempo
para verte, sigo andando.

Traigo una rosa de trapo
y una caja con promesas.
Te daré la caja gratis...
y la rosa, si me besas.

Traigo pena y ternura,
traigo sonrisas a medias,
dos canciones, un sombrero,
poesías y ginebra.

Date prisa, falta poco;
date prisa, ¡estoy llegando!
Pasearemos de la mano,
saldremos a ver el campo.

Tú, las luces apagando,
fingirás que yo soy otro.
Yo, que ya me importa poco,
que me estabas esperando.

Esa mirada



Esa mirada cómplice
que escondes,
como no queriendo saber nada,
y luego te vas
mirando atrás
y me pides que te siga
con la mirada.

Esa sonrisa
que yo hago sólo mía
me dispara,
me agita y
me subraya,
y cuando yo me quedo solo
sonrío.

Porque pienso que
a lo mejor
y sólo a lo mejor
- tú -
estás sola pensando
en mí.
Y sonríes.
Porque sí.